dilluns, 4 de juny del 2012

Fuego en la Piedra (Psicología & Alquimia) - E. Eskenazi

 
Transcripción literal del curso de Psicología & Alquimia impartido por Enrique Eskenazi

¿Por qué la alquimia? ¿Qué se imaginan que es la alquimia? ¿Por qué nos interesa? ¿Por qué ha aparecido ahora este interés? ¿Qué tiene que ver este interés con todo lo que a lo largo de cinco años se ha estado haciendo aquí? Porque, evidentemente, aquí nunca habíamos tocado este tema, nunca nos habíamos metido con química. ¿La alquimia es química? ¿Qué es la alquimia? ¿Qué imagen tiene cada uno de ustedes de lo que es la alquimia? ¿Es acaso la alquimia el antepasado de la química? ¿Es una disciplina remota y engañosa practicada por una gente delirante que buscaba enriquecerse de una manera más o menos rápida en su laboratorio? ¿Es eso? ¿Eran unos charlatanes los alquimistas? ¿Quién era esta gente? ¿Cuánto tiempo tiene la alquimia? ¿Existen alquimistas todavía?

Son preguntas que estaría bien poder aclarar un poco, ¿no? Porque aquí cada cual debe tener su película de la alquimia. Desde el que vio una película en la que salía un medieval con túnicas y mantos elaborando pócimas y ungüentos, hasta el que se ha creído lo que aprendió en la escuela. Y lo que aprendió en la escuela seguramente es que la alquimia se ocupa de los rudimentos supersticiosos, ignorantes y errados en el primer intento de entrar en el camino seguro de la ciencia que ocurrirá a partir de los siglos XVII-XVIII cuando empiece la química a ser verdaderamente química y deje de estar contaminada con todas esas supersticiones arcaicas, primarias, de nuestros antepasados que eran más ignorantes que nosotros y ellos se creían tonterías que nosotros ya no nos las creemos. ¡Puesto que, sin duda alguna, hemos avanzado muchísimo!

Hay gente que se cree que es eso. Hay gente que ha tenido por lo menos un contacto visual, que ha mirado al menos via Internet, láminas muy curiosas, grabados y demás que acompañan a los libros tradicionales de alquimia; que ha sentido curiosidad, cuando no asombro, incluso por la belleza de unas imágenes que no tienen ni “pies ni cabeza” si se interpretan literalmente. Grabados donde aparecen imágenes imposibles de encontrar en la “realidad”. En la realidad no hay seres con dos cabezas; en la realidad no hay dragones; en la realidad ninguna cabeza sale volando dejando el cuerpo abajo; en la realidad no te vas a encontrar nunca en la vida una persona que tenga una mitad de mujer y otra de hombre. En la realidad no te encuentras a nadie con una espada que está troceando a un rey en pedacitos metiéndolos en una especie de olla. Son imágenes “patológicas” o, mejor aún, “patologizadas”, en todo caso, porque no son normales: no toman como modelo lo “natural” (la physis, lo “físico”) sino más bien “antinaturales” (de ahí que se haya hablado de la obra alquímica como un opus contra naturam). Puede que haya alguien que haya mirado esto y diga: —Son como imágenes de sueños, o de cuentos, o extrañas, o inquietantes. Y puede que haya algunos que tengan un poco de sensibilidad estética y digan:
— ¡Caramba, qué geniales estos grabados, aquí había artistas de primera categoría! Y uno se acerca a esto como una expresión artística porque no está mal.

Hay muchos enfoques posibles. La que a mí me interesa no es la alquimia como alquimia, ni hacer la historia de la alquimia, ni literalmente practicar alquimia. Sólo me interesa la alquimia como la posibilidad de evocar una visión del mundo y de uno mismo que deje espacio para lo anímico y que lo vuelva así "tangible", que permita -como decían los alquimistas- "corporizar el espíritu" (y, a una, “espiritualizar los cuerpos”). La alquimia como una visión, no como una ciencia ni no ciencia, ni verdad ni falsedad… saliendo de estas divisiones, como una mirada, como un modo de instalarse y de estar presente en el mundo, o de colocarse ante las cosas. Un modo de estar en el mundo ante el cual el mundo aparece animado y el alma aparece llena de mundo, o sea ante una visión que devuelve el alma al mundo, y que hace aparente el mundo del alma: que restablece lo anímico.