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dijous, 11 de juliol del 2013

El efecto Thalassa - Mario Satz




Uno de los más brillantes discípulos de Freud en la Viena de comienzos de siglo, Sandor Ferenczi, escribió una obra singular llamada Thalassa para explicarse y explicarnos ciertas regresiones psíquicas que se producen en el acto de amar. Dijo, por ejemplo, que el miembro masculino se transforma imaginariamente en un pez y la vagina en océano, y que en ese medio acuático de textura ácida, cuyo Ph ácida recuerda el caldo de los orígenes, se despliegan, si uno está lo bastante atento como para percibirlo, grandes mantas invisibles de alas sincrónicas, el plancton de los sueños, radiolarios rosados como uvas, huececillos estelares, una galería entera de fantasmas pretéritos y, tal vez, también un desfile insólito de rostros posibles, los de las criaturas que estamos convocando al estrechar nuestros cuerpos. Para Ferenczi, estaba claro que en el acto amoroso, y aunque fuera de modo parcial, la filogenia repite la ontogenia. El hecho individual la magna escena cosmogónica. Lo cierto es que cientos de mitos de todo el mundo parecen confirmarlo, y la Venus marina de Botticceli tiene suficientes rasgos simbólicos como para evidenciar semejante teoría.

Yendo más lejos aún, descendiendo un poco más tras el tierno silencio compartido que pone en paralelo los jadeos, podríamos deslizarnos a ese espacio sin límites que el poeta inglés y romántico Blake llamaba la imaginación para viajar con ella hasta el corazón mismo de las mareas, cuya réplica en miniatura acaba de agitar la sangre. Sabemos que es la rotación de la Tierra la causa de que en un día lunar (24 hs 50 minutos) se produzcan dos pleamares y dos bajamares. Si la Luna no está en el ecuador de la Tierra, es evidente que las dos bajamares serán distintas, diferencia de alturas a las que se llama desigualdad diurna. Pero si, en cambio, el centro de la Tierra se halla aproximadamente alineado con el centro de la Luna y el Sol (sizigías), entonces las mareas resultantes son mayores pasándose a llamar mareas vivas. Un fenómeno que ocurre en Luna nueva y Luna llena, particularmente detectable en los días equinocciales que, justamente, pasan por ser aquellos en los que estadísticamente nuestra especie más hace el amor. Por raro que nos parezca, la voz sizigías, que nombra la posición en que la Tierra, el Sol y la Luna se encuentran alineados, bien con los dos últimos al mismo lado o bien opuestos, con la Tierra en el centro, en conjunción en el primer caso y en oposición en el segundo, procede de la raíz griega "sigueis" o "sigueuis", que significa innato, natural, análogo, y también alude a °los meses en los que comenzó la vida!

Lógicamente, tendidos en el lecho, uno junto al otro, la mayoría de los amantes o esposos ignoran toda esa matemática astral, esa cuna filológica, pero tal preocupación está en la base de lo que los teóricos del Renacimiento como Leonardo da Vinci, Alberti o el maestro Colonna, denominaban "el número de oro", cuya huella nuestro cuerpo lleva impreso en el ombligo, allí donde el seis del alterno horario marino y el nueve del embarazo materno se dan la mano. Huella que, por sí misma, garantizaba entonces y garantiza aún hoy a los enamorados o a la pareja, caso de conocerla, la feliz sensación de un nexo armónico, el concordato posible entre su intimidad y la sonrisa de las estrellas. Sobre esto no habla el libro del psicólogo húngaro, pero la casuística aportada por él acerca del viaje simbólico en el que se embarca el alma humana cada vez que hace el amor, es apabullante. Tampoco el revolucionario Reich vio en el orgasmo más que una descarga, todo lo cósmica que se quiera, pero, la verdad sea dicha, más cerca de la fisiología que de una poética de las caricias y los besos. Por su parte, Rachel Carson, la famosa oceanógrafa norteamericana(1), tras escribir páginas asombrosas sobre la relación de nuestro plasma sanguíneo con el mar, concluyó que: "Llevamos en las venas la corriente salina de nuestra sangre, en la que el sodio, el potasio y el calcio se hallan en combinaciones semejantes a las que existen en el agua de mar y en proporciones relativas muy análogas. Esta es la herencia desde el día, hace un número incalculable de millones de años, en que un remoto antecesor pasó de la etapa unicelular a la multicelular y adquirió por primera vez un sistema respiratorio en el interior de cual corría un humor casi idéntico al del agua de mar." Un pensamiento, se nota, basado en algo más que en la analogía.

La tradición kabalística o visión profunda de los textos bíblicos, al denominar si al momento cumbre del orgasmo, palabra que posee la misma raíz que "ish" u hombre angélico, establece que en el instante de experimentar el efecto Thalassa nos damos vuelta como guantes, la sangre se invierte y tras el acto de la cópula se produce una repolarización en la corriente linfática que, más allá de la altura alcanzada y como consecuencia de ella, hace que nos sumerjamos en el limo del principio para participar allí, y de modo espontáneo, de su magia regenerativa. D.H. Lawrence, el mistagogo erótico de los años veinte, autor de El amante de Lady Chatterley, sostuvo algo semejante tomándose muy en serio la mística sexual y comparando el acto amoroso a un eclipse ora lunar, ora solar. En el otro extremo del mundo, los chinos, cuyo yoga sexual diferencia el orgasmo de la eyaculación masculina, llaman al momento cumbre "las nubes y la lluvia", yün yü, significando con yün una vasta reunión, una síntesis, un conglomerado y con yü el agua que se derrama. Un punto de encuentro líquido y al mismo tiempo su separación, como si el ciclo hídrico que recorre la atmósfera se reflejara también en el íntimo espacio que encierran nuestros abrazos. Aquellos que insisten, y con razón, en ver en el orgasmo o momento de mayor intensidad de la cópula un hecho místico, nos recuerdan aquellos versos tan poderosos de San Juan de la Cruz que rezan:

Cuanto más alto se sube,
tanto menos entendía,
qué es la tenebrosa nube
que a la noche esclarecía;
por eso quien la sabía
queda siempre no sabiendo
toda ciencia trascendiendo
(2)


Es cierto que para el poeta católico esa divinal esencia no es seminal, y que su subido sentir no puede confundirse en ningún caso con lo que se ha popularizado como "hacer el amor" entre dos, y, sin embargo ¿acaso no habla Juan de Yepes de las bodas entre el Esposo y la Esposa, el Espíritu y el Alma, al igual que Santa Teresa? El campo de acción donde eso ocurre, recordemos, es un único y mismo cuerpo humano en el instante en que supera todo dualismo, y superar todo dualismo no concierne únicamente al macho y a la hembra sino a la criatura y la Creación en la que aquella se halla inscrita. Idea que, por cierto, empapa cada una de las páginas del Thalassa del psicoanalista húngaro con el fin de hacernos entender nuestro vasto parentesco con todas las especies vivas y, por qué no, con todas sus costumbres amorosas. En la época en que escribe su libro, Ferenczi no cree que el psicoanálisis debe ser reduccionista, antes bien piensa que sólo cuando el sujeto comprenda todo aquello que está en juego-de lo macro a lo micro-en el acto amoroso, será capaz de vivenciar en profundidad las luces de sus éxtasis viendo en la mujer a su madre y al océano, experimentado ella al hombre como el rayo y el sol, en un juego de roles que, por debajo de la piel, es grandioso por ser transpersonal y sublime porque siempre supera, en la dulzura de la interjección, esas redes que la razón y la lengua tienden para cazar el ubicuo sentido de su vuelo. En un texto poco sospechoso de vulgaridad como El Evangelio según Tomás,(3) Jesús exclama, al hablar del cuerpo humano, lo siguiente: "Pero yo me maravillo de esto: ¿cómo esta gran riqueza se ha puesto en esta pobreza?" Tesoro que es, a su juicio, el lugar donde nace la luz, pero también allí donde el hombre se hace mujer y la mujer hombre, metafórica o realmente.

Hoy, que la desnudez no es ya un hecho sagrado para nosotros, que injertamos órganos y emponzoñamos los mares y nos juntamos y ayuntamos sin saber muy bien cómo y por qué, una relectura profunda, una amplificatio- como se decía en la retórica medieval-de nuestros sentidos hasta hacerlos coincidir con los más obvios y maravillosos del cosmos, podría humillar todos aquellos aspectos nocivos de la cultura devolviéndonos el gusto por los más nobles de la naturaleza. Hasta que, prosigue el citado Evangelio apócrifo: "Dejéis vuestra vergüenza y toméis vuestros vestidos y los pongáis debajo de vuestros pies, como los niños pequeños, y los pisoteéis, entonces veréis a Aquel que está vivo y no temeréis" .Si la culpa es la historia misma de nuestra conciencia, la absolución llegará cuando la inocencia sea lo bastante lúcida como para amanecernos la mirada. Abrazando, al abrazarnos, también al mar, quizás llegaríamos a quererlo como se merece.

Mario Satz

(1) Rachel Carson: El mar que nos rodea, Grijalbo,Barcelona 1987.
(2) San Juan de la Cruz, BAC,Madrid 1978.
(3) El Evangelio según Tomás, Siete y Medio, Barcelona, 1981.

(Extraído de Centro Enrique Eskenazi)

dijous, 6 de juny del 2013

Alejandra Pizarnik - Diarios



27 de junio

Tensión. Duda. La muerte se acerca. Si sólo fuera ella. Es tan poco morir.
De nuevo me llevan al amor inexistente, a la cercanía mágica de un rostro que llega a mí y no me deja. Sólo un rostro por vez invadiéndome. No tengo fuerzas para ello, para una nueva empresa espectral en la que yo sólo seré la portadora de un rostro que amo y odio porque lo amo sin causa y lo amo absurdamente. Peligro de la ahogada. Ahogarme sola sí, pero ahogar en mí otro rostro y ahogarnos juntos es demasiado. Too much.


dilluns, 13 de maig del 2013

José Val del Omar - Aguaespejo granadino

Link Video:

Primera parte del Tríptico Elemental de España realizado por José Val del Omar y compuesto por Aguaespejo granadino, Fuego en Castilla y Acariño galaico. Presenta sonido diafónico, patentado por Val del Omar en 1944 y empleado por primera vez en este film. 

El trabajo de José Val del Omar (Granada, 1904-Madrid, 1982) sobrepasa los límites del cine y de la técnica, desarrollando una particular relación entre poesía, mística, experiencia e imagen en movimiento a lo largo de toda su carrera.

Frente al cine como un espectáculo meramente contemplativo, Val del Omar teoriza y pone en práctica un cine físico y expandido, resumido en conceptos como el desbordamiento apanorámico y sonido diafónico.
Algunas palabras del cinemista como él se llamaba...

“Por instinto. Yo quería fugarme del negro de los libros. Quería irme hacia la imagen luminosa. Como las mariposas son atraídas por la luz”. 

“Lo intelectual ha provocado un cierto divorcio entre el cerebro y el corazón, entre el instinto y la conciencia. Ha separado el mundo de las cosas y el de las ideas, ha alejado los sentimientos de la gravedad y la lógica, ha incomunicado el arte y la ciencia”.

dissabte, 11 de maig del 2013

Jun Miyake - The Here and After

spawn inside this memory again
one earthbound minute, unbent
a moment broken
softly spoken, magic
so here we are

night has thrown its heels at our door

and stormed its way in, bidden
our feet in drunken incantations, moving

happily, happily, ever after

with kisses and curses, dripped in laughter

happily, happily, would I disappear

wishes and wasted breath
at closest dreaming
so far away

counting down

in twos and in threes
with never a word, out loud
this hidden temple, decalescent, stepping

happily, happily, ever after

with kisses and curses, dripped in laughter

hurry to lay it down

where I've made my bed
wishes and wasted breath
at closest dreaming
so far away

as we grow

as we go
to the here and after
I've never forsaken you
that's really something

so hurry to lay me down

where I've made my bed
tends to a wilted pale
throwing up a beat
kick it down

dilluns, 21 de gener del 2013

Martin Buber - Jo i Tú (extracte)

"I, en tercer lloc, hi ha un àmbit situat per damunt de l'esperit del coneixement i de l'art, perquè aquí l'home corporal i mortal no necessita gravar la seva empremta en la materia més durable, sinó que ell la supera com a obra d'art; rodejada per la música de la seva paraula vivent, apareix en el cel estrellat de l'esperit: l'acte pur, l'actuació sense abús de llibertat. Aquí aparagué a l'home el Tú del misteri més profund; li parlà des de la fosca, i ell li respongué amb la seva vida. Aquí la paraula s'ha tornat vida repetidament, i aquesta vida, seguís o trenqués la llei, tot és necessari per tal que l'esperit no mori sobre la terra, és un ensenyament. Per això és anterior a la posteritat, per tal d'instruir-la no pas sobre el que és ni tampoc sobre el que hauria de ser, sino sobre com es viu en l'esperit, en la presència del Tu. I això vol dir: està disposada a ser Tu per a ells i obrir-los el món del Tu; no, no és que estigui disposada, sempre va cap a ells i els toca, Però ells, que s'han tornat incapaços i no tenen ganes d'una relació vivent que els obriria el món, ho saben; han fet presonera la persona en la història i en llurs biblioteques; han codificat l'acompliment o el trencament, tan se val; i no estalvien la glorificació i, fins i tot, l'adoració barrejada de forma suficient amb la psicología, com correspon a l'home modern. Oh rostre solitari brillant en la fosca, oh dit vivent sobre un front insensible, oh passes que van deixant de sentir-se!"


dissabte, 5 de gener del 2013

Hari Prasad Chaurasia - Raag Chandrakauns



O Lord…  
Grant me the serenity to accept what I cannot change, 
Grant me the courage to change what I can change; 
and Grant me the wisdom to know the difference.

diumenge, 9 de desembre del 2012

Krishnamurti - Sobre la Verdad - Gurús

La mayoría de ustedes tiene, probablemente, alguna clase de instructor, alguna clase de gurú, de guía, ya sea en los Himalayas o a la vuelta de la esquina. Ahora bien, ¿por qué lo necesitan? No lo necesitan, evidentemente, para propósitos materiales, a menos que les prometa un buen empleo para pasado mañana. Se presume, pues, que lo necesitan para fines psicológicos. ¿Por que? Lo necesitan, fundamentalmente, porque dicen: "Estoy confundido, no sé cómo vivir en este mundo, las cosas son demasiado contradictorias. Hay confusión, desdicha, muerte, las cosas declinan, degeneran, se desintegran; y yo necesito que alguien me aconseje qué debo hacer." ¿Acaso no es por eso que necesitan un gurú, que acuden a un gurú? Es obvio que sí. Estando confundidos, necesitan un instructor que los ayude a aclarar la confusión, o más bien, que los ayude a resolverla. Así pues, la necesidad de ustedes es psicológica. No consideran a su primer ministro como su gurú, porque aquél trata simplemente con la vida material de la sociedad. Recurren a él para sus necesidades físicas, mientras que aquí acuden a un instructor para llenar sus necesidades psicológicas. Ahora bien, ¿qué entendemos por la palabra necesidad? Yo necesito la luz del Sol, necesito alimento, ropa y un techo. ¿Necesito, de la misma manera, a un instructor espiritual? Para responder a esa pregunta debo descubrir quién ha creado esta terrible confusión en mí y alrededor de mí. Si soy responsable de la confusión, soy la única persona que puede aclararla, lo cual significa que debo comprenderme a mí mismo. Pero ustedes, por lo general, acuden a un instructor para que los saque de la confusión o les muestre el modo de hacerlo, indicándoles direcciones o diciéndoles cómo deben actuar para tal fin. O dicen: "Bueno, este mundo es falso, debo encontrar la verdad." Y el gurú o el instructor afirma: "Yo he encontrado la verdad"; de modo que acuden a él para compartir esa verdad. ¿Puede otro, por grande que sea, aclarar nuestra confusión? Esta confusión existe, ciertamente, en nuestras relaciones; por lo tanto, debemos comprender nuestra relación con otro, con la sociedad, con la propiedad, con las ideas, etc. ¿Puede alguien darnos esa comprensión? Lo que puede es señalar, mostrar, pero es uno mismo el que debe comprender su relación, el que debe comprender dónde se encuentra. ¿Les interesa esto? Mi dificultad radica en sentir que esto no les interesa, porque están aguardando que algún otro haga algo. Cuando formulan una pregunta, ¿perciben la importancia de escuchar la respuesta? ¿Acaso la vida no es importante para ustedes, no es algo vital, creativo, que debe ser comprendido? Ustedes escuchan para sentirse confirmados en su búsqueda de gurús o para fortalecer su propia convicción de que los gurús son esenciales. De esa manera no encontrarán la verdad al respecto. Podrán encontrar esa verdad descubriendo, en el propio corazón, por qué necesitan un gurú. Hay muchas cosas implicadas en esta cuestión. Muchos parecen pensar que la verdad es estática y que, por lo tanto, un gurú puede conducirlos a ella. Del mismo modo que alguien puede dirigirlos hacia la estación del tren, así piensan ustedes que un gurú puede dirigirlos hacia la verdad. Eso implica que la verdad es estática, pero ¿lo es? Les gustaría que lo fuera, porque lo estático es muy satisfactorio; al menos, uno sabe lo que es y puede aferrarse a ello. De modo que lo que ustedes buscan es, en realidad, satisfacción. Desean seguridad, desean la garantía de un gurú, que éste les diga: "Lo estás haciendo muy bien, continúa"; quieren que les brinde confortación mental, una palmadita emocional en la espalda. Así pues, acuden a un gurú. Y éste lo que en realidad hace invariablemente es gratificarlos. ¡Por eso hay tantos gurús! ¡Y tantos discípulos! Significa que ustedes no buscan realmente la verdad; anhelan satisfacción, y a la persona que les brinda la satisfacción mayor la llaman su gurú. Esa satisfacción puede ser o bien neurológica, es decir, física, o psicológica; y piensan que en presencia de su gurú sienten una gran paz, una gran quietud, la sensación de que son comprendidos. En otras palabras, ¡lo que desean es un padre o una madre glorificados que los ayuden a superar la dificultad! ¿Se han sentado alguna vez quietamente bajo un árbol? Allí también encontrarán una gran paz. ¡También sentirían que se los comprende! Dicho de otro modo, en presencia de una persona muy quieta, uno también se aquieta; y esta quietud la atribuyen ustedes al instructor. Entonces a él lo rodean con una guirnalda, y al sirviente de ustedes lo patean. De modo que cuando dicen que necesitan un gurú, en ello están implicadas seguramente todas estas cosas, ¿no es así? Y el gurú que les asegura un escape, ese gurú es el que se convierte para ustedes en su necesidad. Ahora bien, la confusión existe solamente en las relaciones; ¿por qué necesitamos que algún otro nos ayude a comprender esta confusión? Ustedes podrán decir ahora: "¿Qué es lo que usted está haciendo? ¿Acaso no actúa como nuestro gurú?" Por cierto, no actúo como el gurú de ustedes porque, en primer lugar, no les estoy ofreciendo ninguna gratificación, no les digo lo que deben hacer de instante en instante o de día en día. Sólo les señalo algo; pueden tomarlo o dejarlo. Depende de ustedes, no de mí. No les exijo nada, no me importan ni su reverencia ni sus halagos ni sus insultos. Digo que esto es así, tómenlo o déjenlo. Pero la mayoría de ustedes lo dejará, por la obvia razón de que no encontrará en ello gratificación alguna. No obstante, el hombre que es realmente sincero, serio en su intención de descubrir, encontrará suficiente materia de reflexión en lo que se está diciendo: que la confusión existe sólo en nuestras relaciones. Debemos, pues, comprender esas relaciones. Comprenderlas es estar atento a ellas, no evitarlas, sino ver todo el contenido de la relación. La verdad no se encuentra a lo lejos, la verdad está cerca; se encuentra bajo cada hoja, en cada sonrisa, en cada lágrima, en las palabras, en los sentimientos y pensamientos que uno tiene. Pero está tan cubierta que debemos ponerla al descubierto para verla. Ponerla al descubierto es descubrir lo falso; en el momento en que sabemos lo que es falso y cuando eso desaparece, la verdad está ahí. La verdad es, entonces, una cosa viviente de instante en instante; debe ser descubierta, no es para que se crea en ella ni se la cite ni se la formule. Para ver esa verdad, nuestra mente y nuestro corazón deben estar muy alerta y ser extremadamente flexibles. Pero muy pocos de nosotros, desafortunadamente, deseamos una mente alerta, rápida y flexible; lo que deseamos es adormecernos mediante mantras y rituales. ¡Nos adormecemos de tantas maneras! Obviamente, necesitamos cierto entorno, cierta atmósfera, cierta soledad; no la persecución o la evitación del aislamiento egoísta, sino cierta soledad creativa, en la cual hay plenitud de atención. Y esa soledad creativa, esa atención completa, existe sólo cuando uno está en un aprieto, cuando sus problemas son realmente intensos. Y si uno tiene un amigo, si tiene a alguien que puede ayudarlo, acude a él; pero tratarlo como el gurú de uno es, por cierto, inmaduro e infantil. Es como buscar amparo en las faldas de nuestra madre. Cuando estamos en alguna dificultad, todo nuestro instinto nos empuja a recurrir a alguien, a la madre, al padre, a un padre glorificado al que llamamos maestro o gurú. Pero si el gurú vale como tal, nos dirá que debemos comprendernos a nosotros mismos en la acción, la cual es relación. Por cierto, ustedes son mucho más importantes que el gurú, son mucho más importantes que yo, porque se trata de la vida de ustedes, de sus desdichas, sus conflictos, sus luchas. El gurú, o yo, o algún otro, puede que sea un ser humano libre, pero ¿qué valor tiene eso para ustedes? La veneración que profesamos al gurú es perjudicial para la comprensión de nosotros mismos. Y en esto hay un factor peculiar. Cuanto más respeto mostramos hacia una persona determinada, tanto menos respeto mostramos hacia los demás. Ustedes saludan profundamente a su gurú y patean a su subordinado. Por consiguiente, ese respeto muy poco significa. Éstos son todos hechos. Sé que a muchos probablemente no les gusta lo que se ha dicho, porque la mente de ustedes desea consuelo, ha sido muy golpeada. Está atrapada en tanta angustia, en tanto infortunio, que dice: "Por el amor de Dios, déme alguna esperanza, algún amparo." Sólo la mente en estado de desesperación puede encontrar la realidad. Una mente por completo descontenta es capaz de penetrar en la realidad; no así una mente satisfecha, respetable, cercada por creencias. De modo que sólo florecemos en la relación; florecemos en el amor, no en la contienda. Pero nuestros corazones están marchitos, los hemos llenado con las cosas de la mente; por eso recurrimos a otros para que llenen nuestras mentes con sus creaciones. Dado que carecemos de amor, tratamos de hallarlo con el instructor, con algún otro. El amor no es una cosa que pueda "encontrarse". Uno no puede comprarlo, no puede inmolarse para obtenerlo. El amor surge a la existencia sólo cuando el "yo" está ausente. Y en tanto estemos buscando gratificación, escapes, rehusando comprender nuestra confusión en las relaciones, no haremos sino acentuar el "yo" y, por ende, negaremos el amor. ¿Están siendo hipnotizados por mi voz y mis palabras? Seguramente, lo que he dicho debe ser muy perturbador para ustedes, ¿no es así? Si no los perturba, algo anda mal. Porque uno está atacando toda la estructura de su proceso del pensar, de sus cómodos comportamientos, y esa perturbación debe ser muy agotadora. Seamos muy claros acerca de lo que estamos intentando hacer ustedes y yo. Probablemente, casi todos dirán: "Yo conozco todo esto; Shankara, Buda, algún otro lo ha dicho." Esta afirmación indica que, habiendo leído superficialmente tanto, uno relega lo que se está diciendo a uno de los compartimientos de su mente y, con eso, lo descarta. Es un modo conveniente de desembarazarse de lo que han oído, lo cual implica que están escuchando meramente en el nivel verbal, sin captar la plenitud del contenido, porque eso crearía una perturbación.. No podemos tener paz sin una intensa exploración; y lo que ustedes y yo hacemos es explorar nuestras mentes y nuestros corazones, a fin de descubrir lo que es verdadero y lo que es falso. Y explorar es emplear energía, vitalidad; ¡debería ser físicamente tan agotador como excavar! Pero, desafortunadamente, muchos se han habituado a escuchar; muchos son tan sólo espectadores que disfrutan, observan lo que otro está actuando; en consecuencia, no están cansados. Los espectadores nunca están cansados, ¡lo cual demuestra que no participan en el juego! Ni ustedes son el espectador, ni yo soy el que actúa para ustedes. No están aquí para escuchar una canción. Lo que ustedes y yo estamos tratando de hacer es encontrar una canción en nuestros corazones; no estamos para escuchar la canción de otro. Muchas personas están habituadas a escuchar la canción de otro; por eso sus corazones están vacíos, y estarán siempre vacíos porque los llenan con la canción de otro. Esa canción no es de ustedes; entonces son meros gramófonos y cambian el disco de acuerdo con el humor del momento; no son los músicos. Y, especialmente en tiempos de grandes afanes e infortunios, cada uno de nosotros tiene que ser el músico; debemos deleitarnos con la canción, lo cual implica liberar, vaciar el corazón de las cosas con que lo ha llenado la mente. Tenemos, pues, que comprender las creaciones de la mente y ver la falsedad de tales creaciones. Entonces no llenaremos con ellas nuestro corazón. Entonces, cuando el corazón esta vacío —no lleno de cenizas— y la mente está quieta, hay una canción, la cual no puede ser destruida ni pervertida, porque no ha sido generada por la mente. 

INTERLOCUTOR: Usted dice que los gurús son innecesarios, pero ¿cómo puede uno encontrar la verdad sin la sabia ayuda y guía que sólo un gurú puede ofrecer? 

 Krishnamurti: La pregunta es si un gurú resulta necesario o no. ¿Puede uno encontrar la verdad por medio de otra persona? Algunos dicen que sí y algunos dicen 12 que no. Nosotros queremos saber la verdad al respecto, no mi opinión opuesta a la opinión de otro. Yo no tengo opinión alguna en esta cuestión. Si es esencial o no que ustedes tengan un gurú, no es un asunto de opinión, por profunda, erudita, popular o universal que sea. La verdad al respecto ha de ser encontrada de hecho por uno mismo. Ante todo, ¿por qué necesitaríamos un gurú? Decimos que lo necesitamos, porque estamos confundidos y el gurú es beneficioso. Él nos indicará qué es la verdad, nos ayudará a comprender, él sabe de la vida mucho más que nosotros, actuará como un padre, como un maestro para instruirnos en el vivir. Él posee una vasta experiencia y nosotros muy poca; él, gracias a su experiencia mayor, nos ayudará, y así sucesivamente. Es decir, ustedes acuden a un instructor fundamentalmente porque están confundidos. Si tuvieran claridad, no se acercarían a ninguno de ellos. Es obvio, si fueran profundamente felices, si no hubiera problemas, si comprendieran plenamente la vida, no acudirían a ningún gurú. Espero que vean lo que esto significa. A causa de que están ustedes confundidos, buscan un instructor. Acuden a él para que les dé un sistema de vida, para que les aclare la confusión que experimentan, para encontrar la verdad. Escogen a su gurú porque están confundidos y esperan que él les dará lo que piden. O sea, escogen a alguien que habrá de satisfacer lo que ustedes necesitan; lo escogen conforme a la satisfacción que les brindará, y la elección que hacen depende de la satisfacción a obtener. No escogen a un gurú que les dice que dependen de sí mismos. Lo escogen según los prejuicios de ustedes. Por lo tanto, puesto que escogen a su gurú conforme a la satisfacción que le ofrece, no están ustedes buscando la verdad sino un modo de salir de la confusión; y a esa salida para la confusión en que se encuentran la llaman equivocadamente "verdad". Examinemos primero esta idea de que un gurú puede aclarar nuestra confusión. ¿Puede algún otro aclarar nuestra confusión, que es el producto de nuestras reacciones, de nuestras respuestas internas? Nosotros la hemos creado. ¿Piensa usted que algún otro ha creado esta desdicha, esta batalla en todos los niveles de la existencia, internos y externos? Todo eso es el resultado de nuestra falta de conocimiento propio. Debido a que no nos comprendemos a nosotros mismos, con nuestros conflictos, nuestras reacciones, nuestras desdichas, acudimos a un gurú que, según suponemos, nos ayudará a librarnos de esa confusión. Sólo en la relación con el presente podemos comprendernos a nosotros mismos; y esa relación misma es el gurú; no es alguien de afuera. Si no comprendo esa relación, cualquier cosa que un gurú pueda decir es inútil, porque si no comprendo mi relación con la propiedad, con las personas, las ideas, ¿cómo puedo resolver el conflicto dentro de mí? Para resolver ese conflicto, yo mismo debo comprenderlo, lo cual implica que debo estar atento a mí mismo en la relación. Para estar atento, no se necesita ningún gurú. Si no me conozco a mí mismo, ¿de qué me sirve un gurú? Tal como escogen a un dirigente político aquellos que se debaten en la confusión —y, por lo tanto, es también confuso lo que escogen—, así escojo a un gurú. Puedo escogerlo sólo de acuerdo con mi confusión. En consecuencia, él, al igual que el dirigente político, está confundido. Lo que importa, pues, no es quién está en lo cierto, si estoy en lo cierto yo o aquellos que dicen que un gurú es necesario, sino averiguar por qué necesitan ustedes un gurú. Los gurús existen para explotaciones de distintas clases, pero eso no viene al caso. A ustedes les causa satisfacción que alguien les diga cómo están progresando. Pero la clave está en descubrir por qué necesitan un gurú. Otra persona puede señalarles el camino, pero son ustedes los que deben hacer todo el trabajo, aunque tengan un gurú. Debido a que no quieren afrontar eso, transfieren la responsabilidad al gurú. El gurú se vuelve inútil cuando hay una pizca de conocimiento propio. Ningún gurú, ningún libro, ninguna Escritura, pueden darnos el conocimiento de nosotros mismos; éste surge cuando uno está atento a sí mismo en la relación. Ser es estar relacionado. No comprender la 13 relación es sufrimiento, conflicto. Una de las causas de confusión es no estar conscientes de nuestra relación con la propiedad. Si uno no conoce su relación correcta con la propiedad, por fuerza tiene que haber conflicto, el cual incrementa el conflicto que impera en la sociedad. Si usted no comprende la relación entre usted mismo y su esposa, entre usted y su hijo, ¿cómo puede otra persona resolver el conflicto que surge de esa relación? Lo mismo ocurre con las ideas, las creencias y demás. Al estar confuso en su relación con la gente, con la propiedad y las ideas, va usted en busca de un gurú. Si él es un verdadero gurú, le dirá que se comprenda a sí mismo. Uno mismo es el origen de todo desacuerdo, de toda confusión; y ese conflicto puede resolverse únicamente cuando uno se comprende a sí mismo en la relación. Usted no puede encontrar la verdad por intermedio de ninguna otra persona. ¿Cómo podría? Por cierto, la verdad no es algo estático, no tiene morada fija; no es un propósito, una meta. Por el contrario, es algo viviente, dinámico, alerta, activo. ¿Cómo puede ser un propósito? Si la verdad es un punto fijo, ya no es más la verdad; es tan sólo una opinión. La verdad es lo desconocido, y una mente que anda en busca de la verdad jamás la encontrará. Porque la mente está compuesta de lo conocido, es producto del pasado, la consecuencia del tiempo; esto puede usted observarlo en sí mismo. La mente es el instrumento de lo conocido; de aquí que no pueda encontrar lo desconocido. Sólo puede moverse de lo conocido a lo conocido. Cuando la mente busca la verdad, la verdad acerca de la cual ha leído en los libros, esa "verdad" es autoproyectada, porque entonces la mente se limita a perseguir lo conocido, lo conocido nuevo que ella supone más satisfactorio que lo conocido anterior. Cuando la mente busca la verdad, está buscando su propia proyección, no la verdad. Al fin y al cabo, un ideal es algo autoproyectado; es ficticio, irreal. Lo real es "lo que es", no lo opuesto. Pero una mente que anda en busca de la realidad, en busca de Dios, está buscando lo conocido. Cuando usted piensa en Dios, su Dios es la proyección de su propio pensamiento, el resultado de las influencias sociales. Uno puede pensar tan sólo en lo conocido; no puede pensar en lo desconocido, no puede concentrarse en la verdad. En el momento en que piensa en lo desconocido, eso es tan sólo lo conocido que se proyecta a sí mismo. Por consiguiente, no es posible pensar en Dios o en la verdad. Si pensamos en la verdad, eso no es la verdad. No podemos buscar la verdad; ella llega a nosotros. Sólo podemos perseguir lo conocido. Cuando la mente no está torturada por lo conocido, por los efectos de lo conocido, únicamente entonces puede revelarse la verdad. La verdad sé encuentra en cada hoja, en cada lágrima; la verdad es para conocerse de instante en instante. Nadie puede conducirlo hacia la verdad; y si alguien lo conduce, sólo puede hacerlo hacia lo conocido.

dimarts, 4 de desembre del 2012

Astor Piazzolla & Roberto Goyeneche - Balada para un loco



Las tardecitas de Buenos Aires tienen ese qué sé yo, ¿viste? Salís de tu casa, por Arenales. Lo de siempre: en la calle y en vos. . . Cuando, de repente, de atrás de un árbol, me aparezco yo. Mezcla rara de penúltimo linyera y de primer polizón en el viaje a Venus: medio melón en la cabeza, las rayas de la camisa pintadas en la piel, dos medias suelas clavadas en los pies, y una banderita de taxi libre levantada en cada mano. ¡Te reís!... Pero sólo vos me ves: porque los maniquíes me guiñan; los semáforos me dan tres luces celestes, y las naranjas del frutero de la esquina me tiran azahares. ¡Vení!, que así, medio bailando y medio volando, me saco el melón para saludarte, te regalo una banderita, y te digo...

Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao...
No ves que va la luna rodando por Callao;
que un corso de astronautas y niños, con un vals,
me baila alrededor... ¡Bailá! ¡Vení! ¡Volá!

Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao...
Yo miro a Buenos Aires del nido de un gorrión;
y a vos te vi tan triste... ¡Vení! ¡Volá! ¡Sentí!...
el loco berretín que tengo para vos:

¡Loco! ¡Loco! ¡Loco!
Cuando anochezca en tu porteña soledad,
por la ribera de tu sábana vendré
con un poema y un trombón
a desvelarte el corazón.

¡Loco! ¡Loco! ¡Loco!
Como un acróbata demente saltaré,
sobre el abismo de tu escote hasta sentir
que enloquecí tu corazón de libertad...
¡Ya vas a ver!

Salgamos a volar, querida mía;
subite a mi ilusión super-sport,
y vamos a correr por las cornisas
¡con una golondrina en el motor!

De Vieytes nos aplauden: "¡Viva! ¡Viva!",
los locos que inventaron el Amor;
y un ángel y un soldado y una niña
nos dan un valsecito bailador.

Nos sale a saludar la gente linda...
Y loco, pero tuyo, ¡qué sé yo!:
provoco campanarios con la risa,
y al fin, te miro, y canto a media voz:

Quereme así, piantao, piantao, piantao...
Trepate a esta ternura de locos que hay en mí,
ponete esta peluca de alondras, ¡y volá!
¡Volá conmigo ya! ¡Vení, volá, vení!

Quereme así, piantao, piantao, piantao...
Abrite los amores que vamos a intentar
la mágica locura total de revivir...
¡Vení, volá, vení! ¡Trai-lai-la-larará!

¡Viva! ¡Viva! ¡Viva!
Loca ella y loco yo...
¡Locos! ¡Locos! ¡Locos!
¡Loca ella y loco yo!

Letra de Horacio Ferrer

Fina Garcia Marruz - el momento que más amo

Antología de aire - Poesía Recitada

Antología de aire es un programa conducido por Ingrid Pellicori y Susana Villalba, recorren los caminos poéticos de la producción argentina de todos los tiempos. También se aborda la poética latinoamericana y universal. 

Entrevistas, comentarios de libros, referencias a autores y, especialmente, lecturas de poemas forman parte de este programa que puede escucharse online 

(Haciendo clic en “programas anteriores” se accede a cada uno de los programas que se han emitido).

Escucarachar AQUÍ 



dimecres, 21 de novembre del 2012

Amar las preguntas mismas - W. Giegerich



"Hay veces y hay temas en los que el ego tiene que callar. Y cualquiera que quisiera entender lo que posiblemente quiere decir esta sentencia nunca lo encontrará si se vuelve a los demás, o por ejemplo a mi, en busca de una explicación. No, para lograr un entendimiento uno no tiene que volverse a otra cosa sino a la terrible idea misma... y volverse a la calma y a la soledad del pensamiento, el pensamiento del corazón, con la paciencia de ser capaz de esperar."

En el mismo artículo:

RH: ¿Qué le diría a aquellos que dicen "No puedo entender lo que Wolfgang está diciendo. ¿Por qué no escribe de una manera más simple, más fácil de entenderle?"?

WG: Una de las posibilidades sería responderles citando lo que dijo Jung acerca de su propia obra: "De hecho, era mi intención escribir de tal modo que los necios se asustaran y que sólo los verdaderos estudiosos y buscadores disfrutaran de su lectura"—pero eso no sería verdad en mi caso, porque intento escribir lo más claramente que puedo, empero, sin achatar los problemas a discutir hasta perder de vista sus complejidades internas. El problema no es precisamente uno de articulación.

Más bien, el problema es que esa gente que usted tiene en mente parece esperar que lo que ellos lean debiera ser inmediatamente comprensible para ellos. ¡Qué raro! Una expectativa característica de la era fast food y de los fragmentos de sonido de un sólo minuto. Gente sin energía. Su demanda de gratificación inmediata significa, psicológicamente, dos cosas. Primero, que lo que quieren de una experiencia de lectura es la confirmación y estabilización de su mentalidad común, o expresado negativamente, que no haya ningún esfuerzo en el plano de la mente, ningún trabajo duro, ningún darle la vuelta a un tema, ninguna labor con el concepto. Pero en psicología estamos en el campo de la interioridad, donde no es cuestión de meramente obtener nuevo input, un nuevo vino en las mismas viejas botellas, un mero descargarse información. La lectura psicológica esencialmente lo implica a uno e implica al Sujeto [Self] en uno. Apunta primordialmente a una transformación de las viejas botellas, es decir, a un elevar la estructura misma de la propia mente a niveles más altos de diferenciación.

En segundo lugar, su demanda significa que su teoría acerca de entender es que ellos (como ego) tienen que ser los que deben entender. Pero en psicología no es en absoluto cuestión de nuestro entendimiento. Lo que cuenta es sólo lo que el alma entiende.

En mis ratos libres de lectura, sólo he leído libros que no entendía. ¿Por qué me voy a preocupar con textos que ya entiendo a primera vista? Lo que me podrían traer estaría tan cercano a donde ya estoy que difícilmente valdría la pena que gaste mi tiempo con esas lecturas. Pero cuando leo aquellos libros difíciles, albergo dentro lo no entendido y vivo con ello, quedo preñado por ello, con frecuencia por muchos años, hasta que acaso, después de un largo tiempo, su significado se abre él mismo hacia mi por su propio acuerdo.

En este contexto, hay dos citas que valoro mucho. La primera es del Nuevo Testamento: "Pero Maria preservó todas estas cosas [que habían sido dichas], meditándolas en su corazón" (Lucas 2:19). En esta frase "preservó" significa contuvo, guardó, mantuvo a salvo como si fuera un tesoro. Esta frase casi se podría considerar una receta para una lectura con alma. La otra cita es de Rilke, en Cartas a un joven poeta: "Me gustaría suplicarle... que tenga paciencia con todo lo que aún no está resuelto en su corazón y que trate de amar las preguntas mismas como si fueran cuartos cerrados o libros escritos en un lenguaje extranjero... Viva ahora las preguntas. Quizás entonces, algún día lejano en el futuro, gradualmente, sin siquiera advertirlo, viva su propio camino en las respuestas" (16 de julio, 1903). No hay prisa. El entendimiento de uno puede esperar. Tiene todo el tiempo del mundo. Los alquimistas decían: "es en tu paciencia que obtienes tu alma" (Lucas 21:19). De modo que la cuestión aquí es: entendimiento inmediato—o—llevar lo no entendido a pleno término, y así posiblemente, vivir en la respuesta, en la comprensión.

Detrás de esta diferencia hay otra, más profunda. Mi incomprensión, el alma en mi ¿ha prendido fuego por lo que he leído, aunque no lo haya entendido—o no lo ha hecho? Sólo si se enciende este tipo de pasión acerca de lo que hay en lo incomprendido—en otras palabras, sólo si el alma realmente ha entendido que ésto es algo precioso que simplemente necesita entenderse—yo puedo en primer lugar "preservar todas estas cosas y meditarlas en mi corazón". La cuestión aquí, para un enfoque psicológico, es que se sepa que la pregunta o lo incomprendido tiene todo lo que necesita dentro suyo, incluso su misma solución. Es ya la solución desde el comienzo (o de lo contrario no estaríamos tratando con una cuestión del alma en primer lugar, sino tan sólo con un problema técnico). La solución o la respuesta no es una segunda cosa, una nueva adición.

Al principio simplemente no podemos ver la cuestión como la solución porque aún la miramos desde fuera (mi entras que el alma ya ha comprendido). Vivir en la respuesta, por lo tanto, significaría nada más ni nada menos, que nuestra capacidad de estar totalmente interiorizados en la pregunta."

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Amar las preguntas mismas, Giegerich

diumenge, 18 de novembre del 2012

Orfeo ed Euridice

 
 

Debussy - Prélude à "L'après-midi d'un faune"

Ces nymphes, je les veux perpétuer.
-Si clair,
Leur incarnat léger, qu'il voltige dans l'air
Assoupi de sommeils touffus.

(Stéphane Mallarmé - Le Faune)

divendres, 3 d’agost del 2012

Lula Pena - Fria Claridade



Fria Claridade by Lula Pena on Grooveshark

no meio da claridade
daquele tao triste dia
grande, grande era a cidade
e ninguém me conhecia
entào passaram por mim
dos olhos lindos, depois
julguei sonhar, vendo enfim
dos olhos, como há só dois?
em todos os meus sentidos,
tive presságios de Deus,
e aqueles olhos tao lindos
afastaram-se dos meus
acordei, a claridade
fez-se maior e mais fria
grande, grande era a cidade
e ninguem me conhecia
acordei, a claridade
fez-se maior e mais fria
grande, grande era a cidade
e ninguém me conhecia

dimecres, 1 d’agost del 2012

Duquende & Tomatito - Lo Bueno y Lo Malo


Lo bueno y lo malo by Duquende on Grooveshark

Paso la vida pensando en lo bueno y lo malo
Mi mente esta triste me siento algo extraño
Mi cuerpo se agota mi alma lo nota
De ver en el mundo mentiras de otras vocas
La loca envidia que trae la mentira
Palabra tan falsa que por mi mente pasa
Hoy pasa

Mi tiempo se pasa y los años me cansan
De ver la mentira que trae enterrada
Mi tiempo esta en vilo no se que me pasa
Mentiras, palabras, todo es una farsa
Tengo un momento de ansias mundanas
Quisiera decir lo que siento en mi alma
Que la vida pasa, hoy pasa

Y en mi, y en mi, y en mi,
Llevo un mundo nuevo latiendo con mi alma
Las aventuras que he podido vivir y en mi , y que viví
Ay, ay, ay, ay! No aguanto mas odiar así y en mi

Paso la vida pensando que la vida pasa, hoy pasa
Paso la vida pensando que la vida pasa, hoy pasa
Paso la vida pensando que la vida pasa, hoy pasa
Y yo

dilluns, 30 de juliol del 2012

Enrique Morente - Tu Vienes Vendiendo Flores

Tu vienes vendiendo flores
Las mias son amarillas
Las tuyas de dos colores
Y hasta que la noche llegue
Yo he visto mañanas tristes
Tener las tardes alegres
Nadie habla mal de dia
Hasta que la noche llegue
Yo se lo pido a undebel
Si es que me daba a mi
Licencia pa yo volverte a querer
A la verde oliva
Que me esta dando
Doble fatiguas

dimarts, 24 de juliol del 2012

Simone Weil - Reflexiones

Reflexiones escogidas de diversas obras de Simone Weil
Selección por Enrique Eskenazi

Hay que preferir el infierno real al paraíso imaginario.

Lo que es real en la percepción y la distingue del sueño no son las sensaciones: es la necesidad que las sensaciones involucran. "¿Por qué esas cosas y no otras?" "Es así". En la vida espiritual, ilusión y verdad se distinguen de la misma manera. Lo que es real en la percepción y la distingue del sueño, no son las sensaciones, es la necesidad. Distinción entre los que permanecen en la caverna, cerrando los ojos e imaginando el viaje, y aquellos que lo hacen. Hay lo real y lo imaginario también en lo espiritual, y también en este caso la diferencia reside en la necesidad. En cuanto al sentido interno, nada más engañoso.

Todos los pecados son intentos de llenar vacíos.

Un ateo puede ser simplemente alguien cuya fe y amor se concentran en los aspectos impersonales de Dios.


Las doctrinas carecen de propósito en sí mismas, pero es indispensable tener una aunque más no sea para evitar ser engañado por falsas doctrinas.

Una injuria es la transferencia a los demás de la degradación que llevamos en nosotros.

Una mente encerrada en el lenguaje está aprisionada.

Un criterio de lo real es que es duro y rugoso. En ello se encuentran alegrías, pero no lo agradable. Lo agradable pertenece a lo imaginario.

El arte es el símbolo de los dos esfuerzos humanos más nobles: construir y abstenerse de destruir.

En el fondo del corazón de cada ser humano, desde la infancia más temprana hasta la tumba, hay algo que continúa esperando indómitamente, a pesar de toda experiencia de los crímenes cometidos, sufridos y presenciados, que se hará el bien y no el mal.

La belleza siempre promete, pero nunca da nada.

Caridad. Amar a los seres humanos en tanto son nada. Esto es amarlos como lo hace Dios.

La cultura es un instrumento esgrimido por los maestros para manufacturar maestros que, a su vez, manufacturarán aún más maestros.

Toda vida perfecta es una parábola inventada por Dios.

El mal no es ni sufrimiento ni pecado; es ambas cosas a la vez, es algo común a ambos. Pues están conectados; el pecado nos hace sufrir, y el sufrimiento nos hace malos, y este indisoluble complejo de sufrimiento y pecado es el mal en el que estamos sumergidos en contra de nuestra voluntad, y para nuestro horror.

El fuego destruye lo que le alimenta.

La fuerza es tan implacable para el que la posee, o cree que la posee, como para sus víctimas; a estas las aplasta, al primero le intoxica. La verdad es que nadie la posee.

Aprende a rechazar la amistad, o más bien el sueño de la amistad. Querer amistad es una gran falta. La amistad debiera ser una alegría gratuita, como las alegrías que proporciona el arte, o la vida (como los goces estéticos). Tengo que rechazarla a fin de ser merecedora de recibirla.

La gracia llena los vacíos, pero sólo puede entrar donde hay un vacío para recibirla, y es la misma gracia la que hace este vacío.

Descartar las creencias que colman el vacío, suavizadoras de amarguras. La de la inmortalidad, la de la utilidad de los pecados... La del orden providencial de los acontecimientos; en suma, los "consuelos" que comúnmente se buscan en la religión.

Cada vez que padecemos un dolor, podemos decir en verdad que es el universo, el orden del mundo el que nos entra en el cuerpo.

Actitud de súplica: debo necesariamente dirigirme a algo que no sea yo misma, puesto que se trata de liberarme a mí misma. Intentar esta liberación con mi propia energía sería ser como una vaca que tira de su rienda y cae de rodillas. La liberación sólo puede venir de lo alto".

Los seres humanos están hechos de tal modo que los que oprimen no sienten nada; es la persona oprimida la que siente lo que está ocurriendo. A menos que uno se haya puesto del lado del oprimido, para sentir con él, uno no puede entender.

El ser humano no escapa a las leyes de este mundo sino por la breve duración de un relámpago. Instantes de tregua, de contemplación, de intuición pura, de vacío mental, de aceptación del vacío moral. Sólo en esos instantes es capaz de lo sobrenatural.

Aceptar que los otros son distintos a las criaturas de nuestra imaginación es imitar el renunciamiento de Dios. Yo también soy distinta de lo que imagino ser. Saberlo es el perdón.

Amar es reconocer que los demás son otros, y no criaturas de nuestra imaginación.
Tratar de amar sin imaginar. Amar la apariencia desnuda y sin interpretación. Lo que entonces se ama es verdaderamente Dios.

Después de haber pasado por el bien absoluto se vuelven a encontrar los bienes ilusorios y parciales, pero en un orden jerárquico que no permite buscar un bien sin preocuparnos por el otro. Ese orden es trascendente con respecto a los bienes que relaciona, y un reflejo del orden absoluto.

El amor no es consuelo, es luz.

Es una cobardía buscar en los que se ama (o desear darles) otro consuelo que el que nos dan las obras de arte, que nos ayudan por el simple hecho de que existen.

El amor tiene necesidad de realidad. Amar a través de una apariencia corporal a un ser imaginario, ¿qué hay de más atroz, cuando uno se apercibe de ello? Más atroz que la muerte, pues la muerte no evita que el amado haya sido. Es el castigo al crimen de haber alimentado el amor con lo imaginario.

Amar puramente es consentir la distancia, es adorar la distancia entre el yo y lo que se ama.

Las mismas palabras (por ejemplo un hombre le dice a su mujer: te amo) pueden ser vulgares o extraordinarias según la forma en que se las pronuncie. Y esa forma depende de la profundidad de la región del ser de donde provienen, sin que la voluntad pueda nada. Y por un acorde maravilloso tocan en quien escucha la misma región del ser. Por eso quien escucha puede discernir, si tiene discernimiento, lo que valen esas palabras.

Perder a alguien: se sufre porque el ausente, o el muerto, se convierte en lo imaginario, es decir: lo falso. Pero el deseo de él no es imaginario. Descender hasta dentro de sí mismo, hasta donde reside el deseo que es real. Hambre: uno imagina alimentos; pero el hambre es real: asirse al hambre.

Lo imaginario se ocupa continuamente de cerrar todas las hendiduras por donde pasaría la gracia.

El pasado y el futuro entorpecen el efecto saludable de la desdicha presente, ofreciendo un campo ilimitado a las construcciones imaginarias. Por eso, la renuncia al pasado y al porvenir es la primera de las renuncias.

El humanismo no se equivocaba al pensar que la verdad, la belleza, la libertad y la igualdad son de infinito valor, sino al creer que el hombre puede obtenerlas sin la gracia.

Se trata siempre de una relación con el tiempo. Perder la ilusión de que se posee el tiempo. Encarnarse. El hombre debe realizar el acto de encarnarse, pues está desencarnado por lo imaginario. Lo que en nosotros procede de Satán es lo imaginario.

Moral y literatura. Nuestra vida real está compuesta en más de sus tres cuartas partes de imaginación y de ficción. Son raros los verdaderos contactos con el bien y el mal.

¿Por qué la voluntad de combatir un prejuicio es una señal cierta de que se está impregnado por él? Procede necesariamente de una obsesión. Constituye un esfuerzo absolutamente estéril para librarse de él. La luz de la atención en casos semejantes es la única eficaz, y no es compatible con una intención polémica.

La humildad es atenta paciencia.

Los fariseos eran gente que contaba con su propia fuerza para ser virtuosos. La humildad consiste en saber que lo que se llama "yo" no tiene ninguna fuente de energía que le permita elevarse.

Hay quienes tratan de elevar su alma como quien se dedica a saltar continuamente, con la esperanza de que, a fuerza de saltar cada vez más alto, llegue el día en que alcance el cielo para no volver a caer. Ocupado en ello, no puede mirar al cielo. Los seres humanos no podemos dar un solo paso hacia el cielo. La dirección vertical nos está prohibida. Pero si miramos largamente al cielo, Dios desciende y nos toma fácilmente. Como dice Esquelo: "Lo divino es ajeno al esfuerzo". Hay en la salvación una facilidad más difícil para nosotros que todos los esfuerzos.

En un cuento de Grimm se celebra un concurso de fuerza entre un gigante y un sastrecillo. El gigante lanza una piedra que tarda mucho tiempo en caer. El sastreillo suelta un pájaro que no cae. Lo que no tiene alas acaba siempre por caer. Dado que la voluntad es impotente para operar en la salvación, la noción de moral laica es un absurdo. Pues lo que se llama moral no apela más que a la voluntad y a lo que ésta tiene, por decirlo así, de más muscular. La religión, por el contrario, corresponde al deseo y es el deseo lo que salva.

Todo lo que es precioso en mí, sin excepción, viene de otra parte, no como un don sino como un préstamo que debe renovarse sin cesar. Todo lo que es mío, sin excepción, carece absolutamente de valor; y entre los dones recibidos, todo lo que me apropio pierde de inmediato su valor.
No poseemos nada en el mundo -puesto que el azar puede quitarnos todo- sino el poder decir "yo". Es eso lo que hay que dar a Dios, es decir, destruirlo. No hay absolutamente ningún acto libre que nos sea permitido sino la destrucción del yo.

Ofrenda: no se puede ofrecer otra cosa que el yo, y todo lo que se llama ofrenda no es otra cosa que un rótulo puesto sobre un desquite del yo.

La idolatría proviene de que teniendo sed de un bien absoluto, no se posee la atención sobrenatural, ni la paciencia para dejarlo obrar.

Si estamos padeciendo enfermedad, pobreza o infortunio, creemos que estaremos satisfechos el día en que cese. Pero también eso es falso; tan pronto como uno se acostumbra a no sufrir, se desea algo más.

Si vamos dentro de nosotros mismos, encontramos que poseemos exactamente lo que deseamos.

La armonía es la unidad de los contrarios; los contrarios son ese ser que constituye el centro del mundo y ese otro que es un fragmentito dentro de la totalidad del mundo. Sólo puede haber unidad cuando el pensamiento emprende con todo cuanto abarca una operación similar a la que permite percibir el espacio rebajando a su verdadero rango las ilusiones de la perspectiva. Hay que reconocer que el centro del mundo no es algo que esté dentro del mundo, el centro del mundo está fuera del mundo, y nadie aquí abajo tiene derecho ha decir yo. Hemos de renunciar en favor de Dios y por amor a El y a la verdad a ese poder ilusorio del pensar en la primera persona que El nos ha concedido. Nos lo ha concedido para que por amor podamos renunciar a él. Sólo Dios tiene derecho a decir: "Yo soy"; "Yo soy" es su nombre, y ningún otro ser tiene ese nombre. Esa dejación, sin embargo, no consiste en trasladar a Dios la posición de uno mismo como centro del mundo, igual que hacen algunos trasladándola a otro hombre... El "Yo soy" de Dios, que es auténtico, difiere infinitamente del ilusorio "yo soy" de los hombres... Unicamente renunciando auténticamente al poder de pensarlo todo en primera persona, renuncia que no es una simple transferencia, puede el hombre llegar a saber que los demás hombres son sus semejantes. Esa renuncia no es otra cosa que el amor a Dios, independientemente de que el nombre de Dios esté o no presente en el pensamiento.

En relación a Dios, somos como un ladrón al que, habiendo entrado para robar en la casa de un dueño amable, este le ha permitido quedarse una parte del oro. Desde el punto de vista del dueño legal, este oro es un don; desde el punto de vista del ladrón es un robo. Tiene que ir y devolverlo. Lo mismo ocurre con nuestra existencia. Hemos robado un poco del ser de Dios para hacerlo nuestro. Dios nos ha hecho un don. Pero lo hemos robado. Debemos devolverlo.

El espíritu no está forzado a creer en la existencia de nada (subjetivismo, idealismo absoluto, solipsismo, escepticismo: ver las Upanishads, los taoístas, Platón: todos usan esta actitud filosófica a modo de purificación).

Es porque el único órgano de contacto con la existencia es la aceptación, el amor. Por eso, belleza y realidad son idénticas. Por eso la alegría y el sentimiento de la realidad son la misma cosa.

En la soledad estamos en presencia de la mera materia (incluso el cielo, las estrellas, la luna, los árboles en flor), cosas acaso de menor valor que un espíritu humano. Su valor yace en la mayor posibilidad de atención.

Al luchar contra la angustia uno nunca produce serenidad; la lucha contra la angustia sólo produce nuevas formas de angustia.

En la Iglesia, considerada como un organismo social, los misterios inevitablemente degenera en creencias.

El gran error de los marxistas y de todo el siglo XIX ha sido creer que al marchar hacia adelante se sube en el aire.

En este mundo, sólo aquellos que han caído hasta el grado más bajo de humillación, muy por debajo de la mendicidad, que no sólo no son tenidos en cuenta socialmente sino que son considerados como carentes de esa primaria dignidad humana, la misma razón -sólo esa gente, de hecho, es capaz de decir la verdad. Todos los demás mienten.

La desgracia deja heridas que sangran gota a gota, incluso en el sueño; así poco a poco entrenan a la fuerza al hombre y le disponen para la sabiduría a pesar de él mismo.

Nada puede tener como destino otra cosa que su origen. La idea opuesta, la idea de progreso, es veneno.

El verdadero genio no es más que la virtud sobrenatural de la humildad en el dominio del pensamiento.

La capacidad de dar la propia atención a quien sufre es algo muy raro y difícil; es casi un milagro; es un milagro. Casi todos los que creen que tienen esta capacidad no la poseen. La calidez de corazón, la impulsividad, la compasión no son suficiente.

La forma contemporánea de verdadera grandeza está en una civilización fundada en la espiritualidad del trabajo.

La destrucción del pasado es acaso el mayor de los crímenes.

El método adecuado de la filosofía consiste en concebir claramente los problemas insolubles en toda su insolubilidad y luego en contemplarlos, fija e incansablemente, año tras año, sin ninguna esperanza, aguardando pacientemente.

Hay algo más que tiene el poder de despertarnos a la verdad. Son las obras de los escritores de genio. Nos dan, bajo el disfraz de la ficción, algo equivalente a la densidad efectiva de lo real, esa densidad que la vida nos ofrece cada día pero que somos incapaces de captar porque nos entretenemos con mentiras.

Aquellos que son desgraciados no necesitan nada en este mundo salvo gente capaz de darles su atención.

Los que aman una causa son los que aman la vida que ha de llevarse a fin de servirla.

Estar arraigada es acaso la necesidad más importante y menos reconocida del alma humana.

Detentar poder es degradante. Poseerlo degrada.

La fuerza que mata es una forma sumaria, grosera, de la fuerza. Mucho más variada en sus procedimientos y sorprendente en sus efectos es la otra fuerza, la que no mata; es decir, la que no mata todavía. Matará seguramente, o matará quizá, o bien está suspendida sobre el ser al que en cualquier momento puede matar; de todas maneras, transforma al hombre en piedra. Del poder de transformar un hombre en cosa matándolo procede otro poder, mucho más prodigioso aun: el de hacer una cosa de un hombre que todavía vive. Vive, tiene un alma, y sin embargo es una cosa. Ser muy extraño, una cosa que tiene un alma; extraño estado para el alma. ¿Quién podría decir cómo el alma en cada instante debe torcerse y replegarse sobre sí misma para adaptarse a esta situación? No ha sido hecha para habitar una cosa, y cuando se ve obligada a hacerlo no hay ya nada en ella que no sufra violencia.

A nosotros, los occidentales, nos ha ocurrido algo muy extraño con el cambio del siglo; sin advertirlo, perdimos la ciencia, o al menos eso que se había llamado por eso nombre durante los últimos cuatro siglos. Lo que tenemos ahora en lugar de ello es algo diferente, radicalmente diferente, y no sabemos lo que es. Nadie lo sabe.

Escribir las vidas de los grandes hombres, separándolos de sus obras, acaba necesariamente por acentuar su pequeñez sobre todo, porque es en sus obras donde ha puesto lo mejor de sí mismos.

Lo que envilece la inteligencia degrada al ser humano entero.

Cuando una contradicción es imposible de resolver salvo por una mentira, entonces sabemos que realmente es una puerta.

Una vez que cierta clase de gente ha sido colocada por las autoridades temporales y espirituales fuera de los rangos de aquellas cuya vida tiene valor, entonces nada llega más naturalmente a los hombres que el asesinato.
Una mujer muy bella que mira su imagen en un espejo, bien puede creer que ella es eso. Una mujer fea, sabe que no lo es.

Monotonía del mal: nada nuevo, todo es equivalente. Nada real, todo es imaginario. A causa de esta monotonía la cantidad juega un papel tan importante. Muchas mujeres (Don Juan), muchos hombres (Celimene), etc. Condenado a la falsa infinitud. Es el infierno mismo.

Para alcanzar el total desapego, la desgracia no basta. Es necesaria una desgracia sin consuelo. Es necesario no tener consuelo. Ningún consuelo representable. El consuelo inefable desciende entonces.

No debo amar mi sufrimiento porque es útil, sino porque es.

Es necesario no que los iniciados aprendan algo, sino que se opere en ellos una transformación que los haga aptos para recibir la enseñanza.

Cuando algo parece imposible de obtener, por más esfuerzos que se haga, indica un límite infranqueable en ese nivel y la necesidad de un cambio de nivel, de una ruptura del techo. Agotarse en esfuerzos en ese nivel degrada. Más vale aceptar el límite, contemplarlo y saborearlo en toda su amargura.

La imposibilidad es la puerta hacia lo sobrenatural. Sólo podemos golpear. Es otro el que abre.

Parte del mal que está en nosotros lo arrojamos, lo proyectamos sobre los objetos de nuestra atención y nuestro deseo. Y esos objetos nos lo devuelven, y parece como si el mal viniera de ellos. Por eso llegamos a sentir odio y asco por los lugares en que nos encontramos sumidos en el mal; nos da la impresión de que esos lugares nos aprisionan en el mal. Es así como los enfermos llegan a odiar su habitación y su entorno, aun cuando esté formado por seres queridos; así también como los obreros llegan a odiar su fábrica, etc.

Nos asombremos de que la desgracia no ennoblezca. Es que, cuando se piensa en un desgraciado, se piensa en su desgracia. Pero el desgraciado no piensa en su desgracia: tiene un alma llena de cualquier alivio que puede codiciar.

Si alguien no es capaz de entender los modelos inalterables de las cosas, no se debe a una falta de inteligencia; se debe a falta de resistencia moral.

Sin duda hay matemáticos en la caverna (platónica), pero su atención está puesta en los honores, rivalidades, competiciones, etc.

Si uno permanece en la caverna, por muy fácilmente que sea capaz de observar todas las reglas externas de virtud, uno nunca será virtuoso. La vida intelectual y la vida moral son una.

Los sabios tienen que regresar a la caverna, y actuar allí. Uno tiene que llegar al estadio en que el poder esté en manos de quienes lo rechazan, y no de aquellos que ambicionan poseerlo.

Dios sólo podía crear escondiéndose. De otro modo no habría habido nada sino él mismo.

Creer en Dios no es una decisión que podamos tomar. Todo lo que podemos hacer es decidir no dar nuestro amor a falsos dioses. En primer lugar, podemos decidir no creer que el futuro contiene para nosotros un bien suficiente. El futuro se hace con la misma substancia que el presente.

No depende del hombre buscar o incluso creer en Dios. Sólo tiene que rehusar creer en todo lo que no es Dios. Este rechazo no presupone la creencia. Basta reconocer, cosa obvia para cualquier mente, que todos los bienes de este mundo, pasados, presentes o futuros, reales o imaginarios, son finitos y limitados y radicalmente incapaces de satisfacer el deseo, perpetuamente ardiente en nosotros, de un bien infinito y perfecto... No es cuestión de dudar de sí o de buscar. El hombre sólo tiene que persistir en su rechazo, y un día u otro Dios vendrá a él.

Todos sabemos que no hay bien en este mundo, que todo lo que aquí aparece como bien es finito, limitado, se agota y, una vez agotado, la necesidad se muestra al desnudo. Probablemente en la vida de todo ser humano ha habido algún momento en el que se ha confesado a sí mismo con claridad que no hay bien en este mundo. Pero en cuanto se percibe esta verdad se la recubre de mentira. Muchos que jamás han podido soportar el mirarla de frente por más de un segundo se complacen en proclamarla buscando en la tristeza un placer mórbido. Los hombres perciben que hay un peligro mortal en mirar de frente esta verdad durante un tiempo prolongado. Y es cierto; ese conocimiento es más mortífero que una espada, la muerte que inflige produce más miedo que la muerte carnal. Con el tiempo mata en nosotros todo lo que llamamos "yo". Para sostener esa mirada hay que amar la verdad más que la vida.

Sólo Dios es capaz de amar a Dios. Lo único que nosotros podemos hacer es renunciar a nuestros sentimientos propios para dejar paso a ese amor en nuestra alma. Esto significa negarse a sí mismo. Sólo para este consentimiento hemos sido creados.

Hay que saber que el amor es una orientación y no un estado del alma. Si se ignora, se cae en la desesperación al primer embate de la desdicha.

La extrema grandeza del cristianismo proviene de que no busca un remedio sobrenatural para el sufrimiento, sino un uso sobrenatural de las sufrimientos.

No hay que ser yo, pero menos aún nosotros. La ciudad da el sentimiento de estar en la propia casa. Sentirse en la propia cosa como en el destierro. Estar arraigado en la ausencia de lugar.

Desarraigarse social y vegetativamente. Exilarse de toda patria terrestre. Hacerle todo esto a otro, desde afuera, es el ersatz  de la desereación. Es producir lo irreal. Pero desarraigándose se busca más realidad.

Pedir no la solución de mis miserias, sino la gracia que las transfigure.

Nada hay puro en este mundo, salvo los objetos y los textos sagrados, la belleza de la naturaleza (si se la contempla en sí misma, sin tratar de alojar en ella las fantasías propias) y, en menor grado, los seres humanos en los que Dios habita y las obras artísticas surgidas de la inspiración divina.

El espíritu que sucumbe bajo el peso de la cantidad no tiene otro criterio que la eficacia.

De manera natural no tenemos nocón más que de las realidades de este mundo. El pasado es algo real a nuestro nivel, pero de ningún modo está a nuestro alcance, hacia el cual no podemos dar ni un solo paso, hacia el cual sólo podemos orientarnos para que nos llegue alguna emanacón suya. Por ello el pasado es la mejor imagen de las realidades eternas, sobrenaturales. (La alegría, la belleza del recuerdo tal vez obedezcan a esto)

El olvido; de nuevo una imagen de una profundidad insondable. Lo que hemos olvidado de nuestro pasado -ej. una emoción- no existe absolutamente. Y sin embargo las cosas de nuestro pasado que hemos olvidado no conservan menos la plenitud de su realidad, la realidad que les es propia, que no es existencia, pues hoy el pasado no existe, que es realidad pasada.

El uso de la razón torna las cosas transparentes al espíritu. Pero lo transparente no se ve. Se ve lo opaco a través de lo transparente, lo opaco que estaba oculto cuando lo transparente no era transparente.

Se ve el polvo sobre el vidrio, o el paisaje detrás del vidrio, pero no el vidrio. Limpiar el polvo sirve para ver el paisaje.

La razón debe ejercer su función sólo para llegar a los verdaderos misterios, a las verdades indemostrables que son lo real. Lo incomprendido oculta lo incomprensible; por ese motivo debe eliminarse.

La parte sobrenatural aquí abajo es secreta, silenciosa, casi invisible, infinitamente pequeña. Pero es decisiva. Proserpina no creía que cambiarla su destino al comer un sólo grano de granada y desde ese instante para siempre el otro mundo fue su patria y su reino.

Este efecto decisivo de lo infinitamente pequeño es una paradoja que la inteligencia humana tiene dificultad en reconocer. Por esta paradoja se cumple la sabia persuasión de que habla Platón. Esa persuasión por medio de la cual la providencia divina lleva a la necesidad a orientar la mayor parte de las cosas hacia el bien.

La naturaleza, que es un espejo de las verdades divinas, presenta en todas partes una imagen de esta paradoja. Así los catalizadoras, las bacterias. Con relación a un sólido, un punto es infinitamente pequeño. Sin embargo en cada cuerpo es un punto el que triunfa sobre toda la masa, puesto que si está sostenido el cuerpo no cae; ese punto es el centro de gravedad. Pero un punto sostenido no impide que una casa caiga salvo si está dispuesta simétricamente a su alrededor o si la asimetría implica ciertas proporciones. La levadura levanta la masa únicamente cuando se mezcla con ella. El catalizador no actúa sino en contacto con los elementos de la reacción. Igualmente existen condiciones materiales para la operación sobrenatural de lo divino presente aquí abajo en la forma de lo infinitamente pequeño.

Hay que atravesar la perpetuidad de los tiempos en un tiempo finito. Para que esto, que es contradictorio, sea posible, es necesario que la parte del alma que está a la altura del tiempo, la parte discursiva, la parte que mide, sea destruida. No es destruida más que por la desdicha aceptada o por una alegría intensa hasta el punto de precipitar en la contemplación pura.

Hay tanto de sacrificio, de renuncia, en el fondo de la alegría como en el fondo del dolor.

El verdadero camino existe. Platón y muchos otros lo han recorrido. Pero sólo está abierto para aquellos que, reconociéndose incapaces de encontrarlo, ya no lo buscan, y sin embargo no dejan de desearlo con exclusión de toda otra cosa. A ellos les está acordado nutrirse de un bien que, situado fuera de este mundo, no está sometido a ninguna influencia social. Es el pan trascendente a que se refiere el texto original del Padre Nuestro.